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<<(...)esta versión de la ciudadanía de Marshall -evolucionista y distribucionista (Bottomore, 1992)- no es más que una brillante esquematización, hecha a la manera anglosajona, de la vieja idea de la resolución de la cuestión social que, desde finales del siglo XIX, venía gestándose en la mayoría de los científicos sociales continentales que veían en el Estado social la combinación adecuada de ciencia política y administración para desactivar el conflicto laboral abierto. La invención de lo social como concepto mismo se gestó, paralela e indisolublemente, al de la reforma social y al del ajuste orgánico, institucional y solidario de la división del trabajo. La institucionalización y desarrollo de la cuestión social se hacía exclusivamente desde la óptica de la sociedad salarial (de hecho, cualquier otro vínculo tradicional o comunitario se denigraba por su autoritarismo o su imperfección), y la consolidación de la modernidad se asimilaba a la creación de un Estado protector que regulara la función del trabajo y los derechos por él generados; dejando la propiedad patrimonial en un lugar de salvaguarda, pero ya no central ni exclusivo en el modelo de inserción social.>>

La crisis de la ciudadanía laboral. (Alonso, 2007)

Vuelven a salir a la palestra política conceptos de reforma económica, que realmente envuelven un deseo de retorno social. Pero nos encontramos ante una realidad económico-social que poco o nada tiene que ver con el modelo posbélico que se encontraba Europa en los tiempos del plan original. 

MWGUSJDQQ5FYJFQYJZD4ZSM5W4<<La reacción pánica de los mercados financieros a la epidemia es además la expresión de aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor.>>
El País. (Han, 2020)

La verdadera cuestión que se dirime estos días no tiene que ver con la salud. En ese tema solo podemos hacer una cosa, atender a las indicaciones del personal cualificado y médico, aunque estas muchas veces se ven condicionadas, mediatizadas y amoldadas a los rigores y exigencias de la sociopolítica; en cualquier caso lo auténticamente importante de todo esto es el nuevo modelo económico que se está gestando. 

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Estos días miles de compañeras y compañeros se ven obligados a trabajar desde casa.

La primera idea que viene a la mente cuando te plantean una situación laboral así solo pasa por la cuestiones técnicas: Internet, ordenador, espacio cómodo… 

Pero la principal cuestión a tener en cuenta no tiene nada que ver con ello. El tema central para que todo funcione correctamente debe ser: ¿Estás preparado mentalmente para ello?

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Cada vez que hablamos de trabajo colaborativo y trabajo cooperativo, me vienen a la cabeza mil y un escritos sobre el tema. Desde hace tiempo, y por diversas cuestiones, he tenido que documentarme sobre ello. Con independencia de no entrar ahora en la diferenciación entre colaboración y cooperación, creo que a grandes rasgos la idea de ambos conceptos casi todo el mundo la tiene como un sinónimo (no siéndolo). En cualquier caso, si nos centramos en los estudios ya clásicos de Jhonson & Jhonson, o si acabamos en cualquier manual de los más recientes que pudiésemos encontrar -el último lo adquirí hace un par de semanas en un evento de tecnología educativa, de Zaiquiey Biondi- en ninguna de esas publicaciones me encuentro con lo que a mi entender resume perfectamente la esencia del trabajo colaborativo, los donuts.